El Informe 2026 revela una brecha cada vez mayor entre la adopción formal de los códigos y su utilidad en el día a día. Aunque los códigos gozan de un amplio reconocimiento y los riesgos tradicionales están bien cubiertos, muchos empleados siguen teniendo dificultades para consultarlos y comprenderlos, encontrar orientación práctica y aplicarlos a cuestiones emergentes como la inteligencia artificial.
Basándose en un análisis de más de 1.000 códigos de conducta y en datos de una encuesta realizada a 2.000 empleados a tiempo completo de 15 países y 16 sectores, el informe analiza cómo las organizaciones diseñan y ponen en práctica sus códigos, cómo los perciben los empleados y qué hace que un código sea un recurso práctico para las decisiones cotidianas.
El uso cotidiano está disminuyendo: el 63 % de los empleados ha utilizado su código como recurso en el lugar de trabajo, frente al 70 % registrado en 2025.
Falta orientación práctica: el 24 % afirma que su código es demasiado extenso o difícil de consultar, mientras que menos de un tercio de los códigos incluye preguntas y respuestas basadas en situaciones concretas.
La IA sigue estando prácticamente ausente: solo el 9 % de los códigos analizados aborda explícitamente la IA o la ética de la tecnología, lo que deja a los empleados con una orientación limitada sobre uno de los riesgos laborales de más rápida evolución en la actualidad.
El apoyo de los responsables y la confianza para comunicar irregularidades están disminuyendo: el 61 % de los empleados afirma que su responsable habla sobre el código, mientras que solo el 66 % se siente seguro de poder denunciar conductas indebidas sin temor a represalias.

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